He tocado la gloria en tres juegos paralímpicos y no me gusta el deporte. La diosa Fortuna me sonrió en un mundial y me aburre lanzar. He subido a lo más alto del cajón en un campeonato de Europa y no soy mejor que nadie… he luchado, he sufrido y he vencido, pero nada de esto me ha llenado de orgullo… y en mi cabeza resuena una pregunta que no me deja dormir: Si tanto detestaba el deporte ¿Por qué demonios me he matado entrenando para conseguir llegar a lo más alto?